LA NENA 1,2,3.
En un pueblito escondido lejano del invierno, por donde duerme el sol y más cerca del olvido. Perdido en el mapa y los años de fundación, perdidos. Ni la suerte asomaba.
Muy raras las veces que la lluvia de ese publl,se apiadaba.
El viento seco, choca en el rostro como ardiente aliento de dragón y como si dijera mucho, como si no dijera nada.
El sol no tenia piedad de esta bendita tierra donde “La Nena”, habitaba.
Una niña linda y mimada. frágil, con cabellos azabache de noche estrellada y largos como el salto de una cascada. Ojos verdes, matizados con el verano hostil de aquel poblado.
Viene sonriente, siempre saltando y va contando 1, 2, 3 pasos. Quiere llegar rápido a su casa; afinca y acelera más sus pisadas. Entre sus tantos juguetes y su perro Duque quien ella amaba.
Se les reflejaban la armonía perfecta de no sufrir por nada. Nada le faltaba…todo a ella se lo daban.
Amor, juguetes, animales y los más hermosas vestidos, ells estrenaba. Tenia dos hermanos que con ella se peleaban por ser la menor, la consentida, la más malcriada. En la escuela, a ella la toñequeaban, sus maestras y niños la respetaban.
Era la hija del terrateniente Villa, que en el pueblo por su dinero la tierra al pasar él, temblaba. Era su padre que en la escuela y en la iglesia de eso mantencion, se ocupaba, a que no faltara nada. En la iglesia, los santos, él los donaba. Dueño del negocio "El Baratillo” única quincalla que por esos lares, todo lo dotaba.
Terrateniente,
dueño de buses que transportaban a la gente a la capital. Poseedor de ganado
vacuno que inteligentemente en sus fincas distribuía. La leche vendía, camiones
cisternas con agua a la gente le
repartía.
Llegaba
el carnaval y él, eufórico celebraba mojando a la gente y a las goajiras que por su lado pasaban.
-Broma ingenua- Nadie se quejaba. No había uno que se atreviera a reclamarle
nada.
Orgulloso
su apellido, como su sombrero gris que nunca guindado en la pared, lo dejaba.
No sabia decir que ¡NO! A los pobres algo les daba, en navidad muchos niños
bautizaba, hacían colas para ver que regalos les regalaba.
-o-
Con
su espiguita viene, dando y dando, de la escuela regresando. No sabe que es su mal día, y que apenas le ha comenzado a reír en su cara el destino malvado. Nadie lo
pudo creer, que jamás aquella niña; viera en su pueblo un atardecer. Nadie mas
la volvió a ver, nadie la pudo retener.
Cómplice la espera y los años para poderlo entender. Se le fue la niñez, quedaron sus juguetes desesperanzados, solitarios, apartados. No los supieron escoger o los desplazó la muñeca aquella de pelo negro y ojos de cielo esperanzado. Todos sus juguetes echados a un lado, sólo había un pequeño espacio en su maleta para su muñeca, la que ella mas anhelaba, con la que siempre reía, con la que siempre jugaba, para que nada ni nadie, la niña extrañara. ¡Maleta desgraciada! ¡Donde no cabía nada! Su ropita mal doblada, muy pocas, casi escasas.
No metieron sus risas, olvidaron las carcajadas, su amiguita del alma, su perro ya no entraba.
La niña no comprendió lo que la suerte de deparaba y de pronto a su hermana mayor 1, 2, 3 lágrimas por su carita rodaban. Rogaba porque no la dejara y a su padre no abandonara. Los hermanos ese día se separaron, inevitablemente en el pueblo incierto, cada vez más lejano.
Las
lágrimas lo bautizaron y lo eternizaron
con pacto de distancia.
Se
fue alejando la niña infeliz que desde ese día la hora se enmudeció, desde ese
día el color desfalleció. El dolor la
fue asiendo y la felicidad, la fue soltando, sintiendo la daga envenenada de
nostalgia que a su vida atravesaba.
Las
curvas de la carretera la fueron mareando, fueron marcando kilómetros de aflicción. Sintió despertar,
sintió entender y le dio por preguntar,.. ¿Cuando habremos de volver? Pregunta
sin respuesta. Incierta como su mañana. Pensó en su muñeca, creyó que la
dejaba, pero fue lo de menos, era su infancia quien quedo atrás, frustrada.
¡Aun Llora! no puede contener sus lágrimas aun lastimadas, le quitaron sus sueños, amiguitos, esperanzas, sus hermanos, su padre, el triunfo y sus mañanas.
¿Porque ¡Señor! esta etapa de su vida aún no
esta superada, porque no lo deja en la nada,
atrás como a su pueblo, tierra por todos olvidada?
Preguntó
por su muñeca, su madre le afirmó que venia con ella y también su vida de
infancia, que no dejaba nada, que no se preocupara, que todo iría muy bien,
aquí y allá y en tierras lejanas. Con gente extraña, escondiéndose del terror
que su padre a su madre le causaba, que si un día él a ella la encontraba… de
su lado, la niña, la arrebataba.
Lejana, escondida, asustada solitaria si nadie que con ella jugara, solo su muñeca testigo de su infancia pasada.
Triste 1, 2, 3 años contaba. Sin ver a su familia, sin saber de ellos nada. Sin saber hasta cuando
su dolor, de ella por fin se alejara.
Niña-adolescente
pero su misma cabellera nocturna, trenzada, larga cascada y ojitos verdes de
verano, desgastados, enjugados de invierno incierto.
Ya no
decían nada, ya no recuerda si preguntaba,
la tristeza siempre le contestaba. Buscó su incierto pasado, se negó de
echarlo de su lado, volvió a su presente y se armo de valor, exigió ir al
poniente, volteo su carita a su sol, que la alumbró, nuevamente.
Rumbo
a su padre y hermanos, de nuevo 1, 2, 3
sus pasos, de frente. Rumbo a su gente, escasa de abrazos,
embargada de risas, insistente de besos.
Día perpetuo, perfecto que subsistirá por años y llevará siempre en su mente presente.
Los volvió a sentir. Los volvió a ver.
Ya no en el mismo sitio, emigraron a la ciudad como buscando la cercanía que jamás hallaron. Nada podía ser igual, la luz a su padre faltaba, ya en ese pueblo se le convirtió el viento en fuego, litigaba el aliento del infierno porque desde ese día que se fue “La Nena”.+
¡Nada,
nada tenia sentido! todo el color con esa niña se había ido. Ya todo lo mejor
le había pasado. Para el padre todo lo había perdido.
Derrochando
juventud, aquella adolescente-mujer, se armo de valor en hora buena decidió que
hacer. Se dedico a fundir ideas. Agilizar su mente modifica su lengua…Sembrar
para su cosecha que le da la tibieza, que le daba el saber. En vacaciones
contadas, llevaba de nuevo su maleta cargada de besos y abrazos...y en la
maldita maleta de nuevo nada, no cabía el amor etéreo e inmenso que quería meter… para su familia
recobrará el color, y de nuevo el amor los volviera a acoger. Recupero la risa,
los días, se graduó…1, 2, 3 años, la vida la fue contando…y los números
dando. Se fue transmutando, niña-adolescente-mujer.
El
destino le acortó a su padre el camino,
La Nena los días rápidos los
aprovechaba, le exprimía la vida a su padre y de el aprendía, lo
escuchaba. El generoso y acabado padre le enseñaba a conducir el auto para que
a la calle lo llevara y lo paseara. Oyendo las canciones de Leo Dan, juntos la
entonaban. Se oían sus risas cuando su padre a La Nena “mare” la llamaba. Sólo
ellos se entendían, solo ellos cómplices, no decían lo que significaba.
Su
padre agarraba su viejo y sordo cuatro, se acomodaba en su hamaca, paseándose
en su vaivén, triste entre versos,
poemas y viejas canciones. -El padre sólo lo charrasqueaba.-
¡Aquel cuatro por ella reía!... ¡Por él; a lo mejor lloraba!
Se avecinaba
la lluvia divina con olor a poesía, trayendo de exóticas tierras, las semillas
de rosas que germinaron desde aquel día - De allí el origen del las
rosa y la poesía- .
La familia se dispersó, cada uno se casó, uno
a uno su hogar formó, sin aviso en el tiempo la hora se afincó. Envejecieron
todos sus miembros, se multiplicó el honorable apellido, esto fue muy
agradecido. Sin embargo, a lo lejos, el viento revuelca la arena y en el pueblo la imagen de los Villa quedo
tapiada en la apatía del olvido.
El
alma del padre lo abandonó, se
entristeció el viejo cuatro, los acordes enlutecieron la tonada.
La hamaca inerte quedó, se inmovilizó entre esta, la brisa. Fue un 19 de
marzo cuando La Nena de nuevo… como jamás lloró. Sintió morir, vio de cerca por
primera vez la muerte, la miró de frente. ¡Que injusta e indecente, acarició
sin permiso a su padre, la cruel indolente! Muda quedo la nota, la musa quedó
dormida en la hamaca vacía, la poesía lloro lágrimas de letras. Le volvió otra
vez a La Nena a pegar el viento de frente. En su cara le golpea. Que te avisa,
te sacude y la vida te voltea. Como dejando el mensaje. ¡Disfruta… que el
tiempo conmigo vuela!
Sus
pies ya no saltaban…1, 2, 3 rosas en el ataúd ella posaba. No halló camino, no
vio más las manos grandes de su padre. De sus
recuerdos, por siempre quedó impregnada. Ya para ella la vida no valía
nada. Renegó la vida, maldijo la muerte.
De nuevo nada entendía. Si hizo sus oraciones a la luz del día, de noche se arrodillaba para que su padre sanara, no se oyeron sus palabras ¿Estaban acaso vacías? -la poesía en estos casos tampoco ayudaba-
La
Nena pisa mas firme, a su padre imita, fuerte, correcta para la gente
dispuesta. Ahora inmortalmente poetisa. No oye las canciones, no suena el viejo
cuatro que heredó y no volvió a su pueblo… Por siempre lo olvidó. Aquel viento
le dio una cachetada y se volteó…Con ese viento, se enojó...A ese viento, por
siempre lo odió.
De su pasado no es responsable. Sólo da un paso atrás y obtiene de ese recuerdo, la llave y vuelve a recordar.
Le
pertenece la vida que empieza, el rol de mujer, esposa y madre a la vez.
No
eran los mismos días, ni los mismos tiempos, ya no era el pueblo. Ya sus
hermanos no eran niños y su padre andaba en el cielo con los ángeles revueltos
-tal vez- mojándolos también. Ella, abriéndose espacio hoy. Y en una repisa
adornan…1, 2, 3 premios. El invaluable y viejo cuatro, el sombrero gris y su
amada muñeca con la que ya no jugaba, la tenía olvidada. Pero un arcoíris un
día les devolvió de nuevo las alegrías.
Nacieron sus hijas y por fortuna su muñeca la
vida recobró. La dio por premio a sus
hijas amadas para que ahora con ellas jugaran.
La vida a ellas se le multiplicaba, ya no estaban solas, ya habían risas
y carcajadas. Juegos y cuentos de
hadas…la vida se tornó rosada. Aquí por fin la buena vida a La Nena, no le fue
negada. Se lo merecía, ya Dios la
revivía, le daba su mayor satisfacción; su alegría. Sus hijas bellas ¡Jamás soñadas! No había
alegría comparada. Se sintió orgullosa y por Dios ¡al fin!..Recompensada.




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